¡Oh Madre de Dios, Generala Protectora! Ya que yo, Ciudad Tuya, he sido liberada por Ti de mis angustias, escribo proclamando la victoria en acción de gracias. Y Tú, puesto que posees una fuerza invencible, líbrame de todos los peligros, para que exclame: ¡Regocíjate, Esposa siempre Virgen!
Un Príncipe de los ángeles es enviado desde los Cielos para decir a la Madre de Dios: “Regocíjate.” Cuando Te contempla, oh Señor, asumiendo un cuerpo, se alegra y queda asombrado, y con voz inmaterial exclama:
¡Regocíjate, oh Tú, por Quién resplandecerá la alegría
¡Regocíjate, oh Tú, por Quién cesará la maldición!
¡Regocíjate, Restauración del Adán caído!
¡Regocíjate, Redención de las lágrimas de Eva!
¡Regocíjate, oh Cima inaccesible al humano entendimiento!
¡Regocíjate, oh Abismo impenetrable aún a los ojos de los mismos ángeles!
¡Regocíjate, porque eres el Trono del Rey!
¡Regocíjate, porque llevas a Aquel que lo lleva todo!
¡Regocíjate, Estrella que anuncias al Sol!
¡Regocíjate, Seno de la divina Encarnación!
¡Regocíjate, oh Tú, por Quién la Creación es renovada!
¡Regocíjate, oh Tú, por Quién ha tomado carne humana el Creador!
¡Regocíjate, Esposa siempre Virgen!
La Santa, considerando su castidad, dice francamente a Gabriel: Lo extraño de tu palabra parece a mi alma difícil de admitir; pues, ¿cómo hablas de un nacimiento que será fruto de una concepción virginal? y exclamas: ¡Aleluya!
La Virgen, tratando de comprender tan incomprensible noticia, exclamó al Enviado: ¿Cómo es posible que de entrañas que son puras pueda nacer el Hijo? ¡Dime! Y él respondió alegrado con temor y reverencia:
¡Regocíjate, oh Tú, la secretamente iniciada en el designio inefable!
¡Regocíjate, oh Tú, Fe de los que oran en silencio!
¡Regocíjate, Preludio de las maravillas de Cristo!
¡Regocíjate, oh Suma de Sus dogmas!
¡Regocíjate, Escala celestial por la que Dios bajó!
¡Regocíjate, Puente que conduce a los de tierra hacia el cielo!
¡Regocíjate, oh Maravilla alabadísima por los ángeles!
¡Regocíjate, Azote temido en gran manera por los demonios!
¡Regocíjate, oh Tú, que inefablemente diste a luz a la Luz!
¡Regocíjate, oh Tú, que a nadie enseñaste cómo ello fue realizado!
¡Regocíjate, oh Tú, que superas en inteligencia a los sabios!
¡Regocíjate, oh Tú, que iluminas el entendimiento de los fieles!
¡Regocíjate, Esposa siempre Virgen!
Entonces la energía del Altísimo cubrió a la que era intacta para que concibiese, y mostró la fecundidad de su seno, como la de un suave y tierno prado, a todos aquellos que quieren cosechar la salvación, y que, alabándola, cantan: ¡Aleluya!
Llevando a Dios en su seno, donde lo había recibido, se dirigió la Virgen a Isabel; y el hijo de ésta, interpretando el saludo, se estremeció de júbilo y exclamó a la Madre de Dios:
¡Regocíjate, Sarmiento de una cepa incorruptible!
¡Regocíjate, Huerto de eterna fructificación!
¡Regocíjate, Tú que cultivaste al amoroso Cultivador del género humano!
¡Regocíjate, Campo fértil en abundancias de misericordia!
¡Regocíjate, Altar colmada de ofrendas propiciatorias!
¡Regocíjate, puesto que floreces transformada en prado de delicias!
¡Regocíjate, ya que preparas un puerto acogedor a las almas!
¡Regocíjate, grato Incienso de la plegaria intercesora!
¡Regocíjate, Expiación del mundo todo!
¡Regocíjate, Benevolencia de Dios para con los mortales!
¡Regocíjate, Confianza de los mortales ante Dios!
¡Regocíjate, Esposa siempre Virgen!
Agitado interiormente por contradictorios pensamientos, se turbó el discreto José, suponiendo en Ti, ocultos amores, oh Doncella irreprochable. Pero al saber que vuestra concepción era del Espíritu Santo, exclamó: ¡Aleluya!
Oyeron los pastores a los ángeles alegrarse de la presencia del Cristo hecho carne; y corriendo hacia Él como a su Pastor, lo contemplaron como Cordero inmaculado, apacentado en el seno de María, a la cual alabaron diciendo:
¡Regocíjate, Madre del Cordero y del Pastor!
¡Regocíjate, Redil de las místicas ovejas!
¡Regocíjate, Defensa contra los enemigos invisibles!
¡Regocíjate, Llave de las puertas del paraíso!
¡Regocíjate, Causa del común regocijo del cielo y la tierra!
¡Regocíjate, Armonía de las voces terrenas con los coros celestiales!
¡Regocíjate, Boca nunca muda de los Apóstoles!
¡Regocíjate, Valor invencible de los Mártires!
¡Regocíjate, Soporte inconmovible de la fe!
¡Regocíjate, Señal resplandeciente de la gracia!
¡Regocíjate, oh Tú, por Quién el Hades quedó desnudo y desierto!
¡Regocíjate, oh Tú, por Quién hemos sido revestidos de gloria!
¡Regocíjate, Esposa siempre Virgen!
Contemplando los Magos la estrella que los guiaba a Dios, se pusieron en marcha siguiendo su resplandor. Teniéndola por lumbrera buscaron al Señor todo poderoso; y hallando al Inaccesible exclamaron gozosos: ¡Aleluya!
Cuando los hijos de los caldeos vieron en manos de la Virgen a Aquél que con Sus manos creó al género humano, lo reconocieron como Señor a pesar de que había tomado forma de siervo, y se apresuraron a rendirle homenaje con sus dones y a exclamar a la Bendita:
¡Regocíjate, Madre del Astro sin ocaso!
¡Regocíjate, Aurora del día místico!
¡Regocíjate, oh Tú, que apagaste la fogata del error!
¡Regocíjate, oh Tú, que iluminas a los iniciados en la Trinidad!
¡Regocíjate, oh Tú, que expulsas del poder al tirano inhumano!
¡Regocíjate, oh Tú, que muestras a Cristo el Señor, Él que ama al género humano!
¡Regocíjate, oh Tú, que nos libras de las supersticiones paganas!
¡Regocíjate, oh Tú, que nos libras de las obras del lodo y de las tinieblas!
¡Regocíjate, oh Tú, que pusiste fin a la adoración del fuego!
¡Regocíjate, oh Tú, que libras de las llamas de las pasiones!
¡Regocíjate, Guía de los fieles hacia la sabiduría!
¡Regocíjate, Alegría de todas las generaciones!
¡Regocíjate, Esposa siempre Virgen!
Convertidos los Magos en teóforos predicadores, regresaron a Babilonia, cumpliendo, oh Cristo, Tu oráculo anunciado a todos; abandonando a Herodes como necio, incapaz de exclamar: ¡Aleluya!
En Egipto hiciste brillar el resplandor de la Verdad, ahuyentando las tinieblas de la mentira; los ídolos de allá, oh Señor, no pudiendo soportar la fuerza de Tu presencia, se derrumbaron. Y los que de ellos se libraron, clamaron a la Madre de Dios:
¡Regocíjate, Restauración del género humano!
¡Regocíjate, Ruina de los demonios!
¡Regocíjate, oh Tú, que hollaste las imposturas del engaño!
¡ Regocíjate, oh Tú, que denuncias el engaño de los ídolos!
¡Regocíjate, oh Mar que sumergió al Faraón espiritual!
¡Regocíjate, oh Roca de la que beben los sedientos de vida!
¡Regocíjate, Columna de fuego que guía a los que se hallan en la oscuridad!
¡Regocíjate, Protección que cubre al mundo, más amplia que el manto de las nubes!
¡Regocíjate, Alimento que sustituiste al maná!
¡Regocíjate, oh Tú que nos procuras santas delicias!
¡Regocíjate, Tierra de promisión!
¡Regocíjate, de la que brotan leche y miel!
¡Regocíjate, Esposa siempre Virgen!
Hallándose próximo Simeón a abandonar este mundo engañoso, le fuiste puesto en sus brazos como tierno infante, aunque hiciste reconocer por intermedio de él al Dios perfecto; por lo que, maravillado por Tú inefable sabiduría exclamó: ¡Aleluya!
El Creador nos mostró una nueva Criatura, dándonosla a conocer a quienes por Él fuimos hechos. La hizo surgir de un seno virginal, al que conservó íntegro como era antes del parto, a fin de que, viendo tal prodigio, lo ensalzáramos, clamando:
¡Regocíjate, Flor de incorrupción!
¡Regocíjate, Corona de la continencia!
¡Regocíjate, oh Tú, que hiciste brillar el arquetipo de la Resurrección!
¡Regocíjate, oh Tú, Espejo de la vida angélica!
¡Regocíjate, Árbol cargado de frutos, alimento de los fieles!
¡Regocíjate, Ramaje frondoso, bajo el que se refugian las muchedumbres!
¡Regocíjate, oh Tú, que llevaste en el seno al Guía de los descarriados!
¡Regocíjate, oh Tú, que diste a luz al Redentor de los cautivos!
¡Regocíjate, oh Súplica insistente al justo Juez!
¡Regocíjate, oh Perdón de muchos de los que caen!
¡Regocíjate, Túnica de confiada esperanza para los que están desnudos!
¡Regocíjate, Ternura maternal, vencedora de toda pasión!
¡Regocíjate, Esposa siempre Virgen!
Contemplando un parto tan fuera de lo común, nos apartamos de lo frecuente de este mundo, elevando el pensamiento al cielo; pues ésta fue la razón por la que el excelso Dios apareció sobre la tierra como hombre humilde, con el designio de atraer hacia las alturas a quienes le exclaman: ¡Aleluya!
El Verbo indescriptible estaba íntegro aquí abajo, sin hallarse por ello ausente en lo más mínimo allá arriba. De modo que tuvo lugar una condescendencia divina, y no una transferencia de sitio; y ello fue por medio del parto de una Virgen escogida por Dios, que oyó cosas como estas:
¡Regocíjate, Lugar del Dios inmenso!
¡Regocíjate, Umbral del sagrado misterio!
¡Regocíjate, Noticia dudosa para los incrédulos!
¡Regocíjate, Gloria incuestionable de los creyentes!
¡Regocíjate, Carro Santísimo de Aquél que se halla por encima de los Querubines!
¡Regocíjate, Palacio excelentísimo de Quién está por encima de los Serafines!
¡Regocíjate, oh Tú, por Quién concuerdan las cosas que eran contrarias!
¡Regocíjate, oh Tú, en Quién la virginidad y la maternidad convergen!
¡Regocíjate, oh Tú, por Quién la trasgresión fue derrocada!
¡Regocíjate, oh Tú, por Quién fue abierto el paraíso!
¡Regocíjate, Llave del Reino de Cristo!
¡Regocíjate, Esperanza de los bienes eternos!
¡Regocíjate, Esposa siempre Virgen!
Toda naturaleza angélica quedó atónita ante la gran obra de Tú Encarnación; porque a Quién es inaccesible contemplaron como Hombre, conviviendo con nosotros y oyendo de todos: ¡Aleluya!
Ante Ti, oh Madre de Dios, vemos enmudecer como peces a los más elocuentes oradores; puesto que no saben explicarse como pudiste dar a luz, conservándote siempre Virgen. Mas nosotros, ponderando el misterio, exclamamos con fe:
¡Regocíjate, Vaso de la sabiduría de Dios!
¡Regocíjate, Cofre de Su Providencia!
¡Regocíjate, oh Tú, que muestras la necedad de los vanos filósofos!
¡Regocíjate, oh Tú, que dejas sin palabras a los expertos en controversias,
¡Regocíjate, porque ante Ti acabaron como estultos los hábiles discutidores!
¡Regocíjate, porque ante Ti se esfumaron los creadores de fábulas!
¡Regocíjate, oh Tú, que quebrantaste las maquinaciones de los paganos atenienses!
¡Regocíjate, oh Tú, que llenas las redes de los Pescadores!
¡Regocíjate, oh Tú, que sacas fuera del abismo de la ignorancia!
¡Regocíjate, oh Tú, que iluminas el conocimiento de muchos!
¡Regocíjate, Embarcación de los que quieren salvarse!
¡Regocíjate, Puerto de los que por la vida navegan!
¡Regocíjate, Esposa siempre Virgen!
Queriendo salvar al mundo, el Artífice de todas las cosas, vino a él como había prometido; siendo Pastor como Dios, por nosotros apareció como hombre; así pudo atraer a la naturaleza humana, mientras que como Dios oye: ¡Aleluya!
Muralla eres de las vírgenes, Virgen Madre de Dios, y de todos cuantos a Ti recurren; porque el Creador del cielo y de la tierra, oh Inmaculada, Te cubrió con Su sombra y habitó en Tu seno, enseñándonos a todos a aclamarte:
¡Regocíjate, Columna de la virginidad!
¡Regocíjate, Atrio de la salvación!
¡Regocíjate, Iniciadora de nuestra regeneración espiritual!
¡Regocíjate, Canal de la divina bondad!
¡Regocíjate, oh Tú, que regeneraste a quienes fuimos concebidos en pecado!
¡Regocíjate, oh Tú, que amonestas a quienes tienen la mente confundida!
¡Regocíjate, oh Tú, que destruyes el poder del corruptor de las almas!
¡Regocíjate, oh Tú, que diste a luz al Sembrador de la pureza!
¡Regocíjate, Lecho de boda espiritual!
¡Regocíjate, Conciliadora del Señor con sus fieles!
¡Regocíjate, Preceptora de las vírgenes!
¡Regocíjate, Guía de los santos a las místicas bodas!
¡Regocíjate, Esposa siempre Virgen!
Cualquier himno, por más que se intente alargarlo, es incapaz de describir la multitud de Tú misericordia; aunque nos dirigiéramos, oh Santo Rey, con cánticos en número igual a los granos de arena, nada cumpliríamos digno de lo que nos diste, a nosotros que clamamos: ¡Aleluya !
Vemos a la Santa Virgen como Lámpara que contiene la Luz, para alumbrar a los que yacen en tinieblas; porque, encendiendo la luz inmaterial, guía a todos hacia el conocimiento de Dios, iluminando el pensamiento con su resplandor. Por ello la honramos con estas aclamaciones:
¡Regocíjate, Rayo del Sol espiritual!
¡Regocíjate, Dardo de luz inextinguible!
¡Regocíjate, Relámpago luminoso que resplandece sobre las almas!
¡Regocíjate, Trueno que estremece a los enemigos!
¡Regocíjate, oh Tú, que diste el amanecer a la esplendorosa claridad de la Aurora!
¡Regocíjate, oh Tú, Símbolo de la pila bautismal!
¡Regocíjate, oh Tú, que borras la mancha del pecado de nuestros padres!
¡Regocíjate, Fuente en la que se lava la conciencia!
¡Regocíjate, Pozo que derrama alegría!
¡Regocíjate, Emanación del perfume de Cristo!
¡Regocíjate, Ágape de la vida mística!
¡Regocíjate, Esposa siempre Virgen!
Queriendo hacer merced de perdonar antiguas deudas Aquel que habría de pagar por las de todos los hombres, se acerca voluntariamente a quienes se hallaban alejados de Su gracia; y habiendo roto la lista de sus deudas, oye de todos clamar: ¡Aleluya!
Cantando Tu parto, oh Madre de Dios, nos enaltecemos como un Templo Viviente; pues habitando en Tu seno el Señor que contiene en Su mano todas las cosas, lo santificó y lo glorificó, y así fuimos enseñados por Él mismo a exclamarte:
¡Regocíjate, Tabernáculo del Dios y Verbo!
¡Regocíjate, Santa, la más santa entre los Santos!
¡ Regocíjate, Arca labrada en oro por el Espíritu Santo!
¡Regocíjate, inagotable Tesoro de vida!
¡Regocíjate, Diadema preciosa de los reyes piadosos!
¡Regocíjate, Gloria venerable de los sacerdotes temerosos de Dios!
¡Regocíjate, Torre inconmovible de la Iglesia!
¡Regocíjate, Baluarte inconquistable del reino!
¡Regocíjate, oh Tú, gracias a Quién se erigen los trofeos de victoria!
¡Regocíjate, oh Tú, por Quién son abatidos los enemigos!
¡Regocíjate, Medicina de mi cuerpo!
¡Regocíjate, Salvación de mi alma!
¡Regocíjate, Esposa siempre Virgen!
¡Oh Madre digna de toda alabanza! Tú que haz dado a luz al Verbo Santísimo, recibe la presente ofrenda, líbranos a todos de cualquier desventura y preserva del castigo futuro a los que exclaman al unísono: ¡Aleluya!
Y se repite el siguiente Ikos y Kontaquio:
Un Príncipe de los ángeles es enviado desde los Cielos para decir a la Madre de Dios: “Regocíjate.” Cuando Te contempla, oh Señor, asumiendo un cuerpo, se alegra y queda asombrado, y con voz inmaterial exclama:
¡Regocíjate, oh Tú, por Quién resplandecerá la alegría
¡Regocíjate, oh Tú, por Quién cesará la maldición!
¡Regocíjate, Restauración del Adán caído!
¡Regocíjate, Redención de las lágrimas de Eva!
¡Regocíjate, oh Cima inaccesible al humano entendimiento!
¡Regocíjate, oh Abismo impenetrable aún a los ojos de los mismos ángeles!
¡Regocíjate, porque eres el Trono del Rey!
¡Regocíjate, porque llevas a Aquel que lo lleva todo!
¡Regocíjate, Estrella que anuncias al Sol!
¡Regocíjate, Seno de la divina Encarnación!
¡Regocíjate, oh Tú, por Quién la Creación es renovada!
¡Regocíjate, oh Tú, por Quién ha tomado carne humana el Creador!
¡Regocíjate, Esposa siempre Virgen!
¡Oh Madre de Dios, Generala Protectora! Ya que yo, Ciudad Tuya, he sido liberada por Ti de mis angustias, escribo proclamando la victoria en acción de gracias. Y Tú, puesto que posees una fuerza invencible, líbrame de todos los peligros, para que exclame: ¡Regocíjate, Esposa siempre Virgen!
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Akathisto — Himno Mariano en la Iglesia Ortodoxa que se canta de pie según la tradición.
Ikos — Palabra griega que quiere decir una parte del himno en la Iglesia.
Kontaquio — Himno. Es un parte de un himno en la Iglesia Ortodoxa, también puede decirse que dicho himno, puede estar basado en temáticas adecuadas a la fiesta de un santo o de una fiesta importante de la Iglesia.
Theotokos — Palabra griega que quiere decir: Ella que dio a Luz a Dios.